
Presentación del libro “Desde lo más profundo”, de César Fernández Arroyo, en la Librería “Oletum” el día 19 de mayo del año 2006
Yo que no soy bebedor, siempre me he sentido atraído por la elaboración del vino. Ese vino que nace de la tierra y que, tras superar diferentes procesos, acaba sobre la mesa asentado en una buena copa para provocarnos el placer de su degustación a través de su color, a través del aroma y de nuestro paladar. Más de un amigo viticultor ha querido confesarme, en alguna ocasión, llevado sin duda por esa vena romántica propia de no pocos agricultores, que el proceso de conservación de los vinos es, por antonomasia, una labor poética… Desde que se planta la vid, desde que se elige la cepa, desde que se vendimia el majuelo y se pisa en el lagar para extraer el zumo que, después, pasará a los barriles y en los barriles alcanzar la fermentación…
No me extraña, pues, que quien tiene contacto siquiera ligero con ese hermoso proceso natural de convertir la uva en vino acabe atraído por ese otro proceso de convertir la palabra en poesía después de fermentar en la barrica del cerebro. César Fernández Arroyo, en la biografía que me ha hecho llegar, dice de forma contundente que su vida profesional nada tiene que ver con el arte… Y yo lo pongo en duda aun sin conocer, de manera exacta, cuál es su trabajo en las bodegas de Vega Sicilia… Pero, su proximidad a la lírica del viticultor, aceptando que sea tan solo una proximidad circunstancial, algo digo yo habrá tenido que ver con el desarrollo de esa pasión irrefrenable que ha querido, y sabido practicar desde la adolescencia: escribir…
Un poema nace desde el mismo momento en el que, de la vid del pensamiento, surge la uva de una buena idea… Una idea a la que se aclaran los brotes, de la que se arrancan las malas hierbas y en la que se podan las ramas sobrantes… Una idea que se vendimia para que, desde el mismo pensamiento, vaya depositándose sobre el papel blanco, inmaculada e impotente como un recién nacido… Una idea que se pisa en el lagar de nuestras exigencias para obtener el zumo puro de aquello que se quiere decir, para convertirla en la síntesis de sí misma, en el compendio de cuanto, en prosa, se diría de forma más extensa, de manera más sincrónica… Y, por fin, más tarde, al menos eso es algo que me sucede a mí, es preciso esperar a que fermente en el fondo de un cajón cualquiera del escritorio, esperar a que actúe esa levadura implacable que es el paso del tiempo y permitir que, paso a paso, poco a poco, el azúcar de nuestra inspiración se vaya convirtiendo en el alcohol necesario para rematar el poema y, una vez rematado, poder servirlo en la copa blanca de un buen libro…
Y es que el poema, como el vino, reclama una serie de atenciones, una rima, una medida pero, sobre todo, una inspiración… Una serie de atenciones sin las cuales el verso quedaría cojo, incompleto, sin los grados suficientes, sin la coloración adecuada y, sobre todo, sin el aroma que nos atraiga el deseo de consumirlo… Atenciones que en la nueva poesía se descuidan con demasiada frecuencia pero que, en la poesía de César, están presentes en todo momento…
2/
Decir adiós
entre música de llanto…
Decir adiós
sin saber hasta cuando…
Atenciones que César no regatea en ningún momento para dar, incluso, a su inspiración profunda y evidente un aire de intrascendente trascendencia…
¿Quién eres tu?,
me pregunto.
Soy amigo
de la vida,
compañero
de las noches.
Soy un alma
compartida
entre luchas
y reproches…
Ese cuidado, ese mimo por la obra que crece, y fructifica, por la obra que florece, y se recoge, y se pisa, y fermenta, y se convierte en zumo y en síntesis, en caldo de la propia imaginación tiene que ver mucho con la proximidad de César al mundo del vino, al paraíso del viticultor, al proceso de elaborar la uva adecuada de un buen verso.
Pero, hablamos de César y no decimos quién es César Fernández Arroyo, como su poema, tal vez un alma compartida entre luchas y reproches…Vallisoletano, nacido en esta ciudad durante la década de los sesenta en el seno de una familia numerosa… Vallisoletano que, empujado como tantos otros naturales de esta tierra por la tradición, siempre destacó y cultivó su entusiasmo hacia el mundo de la cultura… Él se autodefine como autodidacta de las letras pero, al fin de cuentas, nadie es autodidacta porque todos aprendemos de la vida, de la experiencia, del camino que nos marcaron otros poetas anteriores de cuyas huellas hemos bebido, o bebemos desde la admiración, desde el respeto, desde el cariño, desde la emulación… Producto un poco de todo ello es el hecho de haber convertido la escritura, durante tres décadas, en su principal embajadora bien efectuando lecturas públicas de sus textos, bien colaborando en catálogos de exposiciones pictóricas, bien a través de su vocación como cuentacuentos o de otras iniciativas similares, Por ejemplo, bien a través de su estrecha vinculación al mundo del teatro, he ahí otra afición que compartimos plenamente, en los años noventa, cuando trabajó en arreglos y versiones libres de algunas obras muy conocidas… Quizás, la gente del teatro se encuentre en el fondo de estos versos…
3/
Aún hay gente
que tiene sentimientos,
aún hay gente
que llora en su momento…
Como todo escritor que se precie, César es un viajero empedernido lo que no impide que, también, sea amante de la familia, de los amigos, de la música y del mar como los que asegura enriquecer su mundo artístico… Un mundo que también enriquece cuando ejerce como lector insaciable porque, de la lectura, nacen no pocas inspiraciones y del contraste con otros poemas, con otros poetas, con otro mundo fantástico también surge el propio poema, el propio mundo fantástico al tiempo que va creciendo, y madurando, y fortaleciéndose el propio poeta. Todo ello como una incesante búsqueda de los diferentes caminos que mueven los sentimientos, porque todos los caminos conducen a la Roma del pensamiento y todos los caminos son válidos para desembocar en la Roma imprescindible de la inspiración…
Sigo perdido
en noche gris,
buscando un cielo
donde vivir…
Sigo buscando
otro alguien en mí,
en pocas palabras:
te busco a ti…
César es autor de una extensa producción literaria que va desde esos poemas que se dejan descansar en antiguas y nuevas carpetas, a la espera de su momento oportuno, del momento de las musas, a una notable serie de cuentos, relatos e, incluso, varias obras teatrales en las que se sumerge en mágicos mundos de fantasía e imaginación. Y yo le animo desde aquí que ofrezca esas obras varias de teatro a una compañía, la que quiera, la que prefiera, la que goce de su confianza porque, del mismo modo que no se pueden dejar morir en el olvido ninguno de los versos que nacen día a día, tampoco pueden caer al limbo de los bastidores ninguno de los mundos fantásticos que se plasman para que vivan sobre une escenario… Y hay que ofrecerlos, es preciso hacerlos vivir porque, como el mismo César dice en uno de sus poemas…
La gente espera
siempre un milagro.
La gente espera
sueños dorados…
4/
Este que hoy presentamos, publicado por la Sociedad de Nuevos Autores, es el primer libro de su autor. Pero ya veréis como no será, en absoluto, el último. Este que hoy presentamos en esta bulliciosa y acogedora Librería Oletum, “Desde lo más profundo”, es un libro nacido “desde lo más profundo” del sentimiento de un poeta que quiero serlo, que demuestra en qué medida lo es y que pone por testigo para serlo a sus versos, a sus poemas, a esos hijos fruto de su especial sensibilidad que solamente pueden nacer, que solamente nacen cuando, debajo de cada palabra, hay un estado profundo de emoción y, junto a ese estado de emoción, crece de forma paralela una sensación de dolor, gozo, pesar, pena o tristeza, una pasión en definitiva que es la calidad capaz de prestar a nuestras sensaciones, también a nuestras intuiciones, a nuestros estados de ánimo, en definitiva, esa capacidad de respuesta poética ante cada uno de esos estímulos que nos mueven y que hacen que los demás se muevan también… Y esto es lo que ha surgido desde lo más profundo de las emociones de César Fernández Arroyo: un poemario en el que se destilan las sensaciones de un poeta que si, aparentemente, acaba de llegar al mundo de la poesía es ya, sin embargo, un poeta cuajado, un poeta maduro, que ha sabido extraer a la vida toda la experiencia que la vida es capaz de ofrecer. Esa experiencia que, de pronto, se presenta ante nosotros como un jinete del alba, como un jinete inesperado que te llama, que te acompaña…
Galopan jinetes
por mis montañas,
a veces me estremecen
cuando me llaman…
Saludemos, pues, el advenimiento de César Fernández Arroyo al mundo de la poesía. Y animemosle para que su presencia no sea fugaz, sino eterna, no resulte pasajera, sino constante, no se convierta en estrella fugaz sino en astro dispuesto a iluminarnos durante años, por los siglos de los siglos, mientras se queda quieto el tiempo…
Sigo viendo amanecer
y el niño que fui ayer
me habla de volver.
Se queda quieto el tiempo,
se duerme junto a mí…
|